CUANDO EL NECIO INTENTA LUCIRSE, TERMINA HACIENDO LO CONTRARIO
El regalo frente a cámaras de un ejemplar de Las Venas Abiertas de América Latina al presidente Obama por parte de Hugo Chávez reafirmó por enésima vez la estirpe lumpen del dictador venezolano que, a corto plazo, puede agenciarle el respaldo de la masa, pero que abona más terreno a una segura condena de la historia que lo hundirá eternamente en el desprecio por haber sumido a un país tan rico en el atraso.
Seguramente que la promoción del texto de Galeano, que hasta ahora reporta la nada despreciable bobadita de 78 ediciones, catapultará sus ventas pero ahora encuentra entre los lectores del mundo una actitud y elementos de juicio muy distintos a los de quienes lo leímos en el fulgor de los años setenta.
El ensayo de Eduardo Galeano es considerado por muchos como la Biblia Latinoamericana y, en su momento, fue un adalid contra los regímenes militares de facto que enseñorearon la muerte y la miseria en nuestras geografías. Sin embargo, este retrato de nuestra pudrición apuntaló una apología al radicalismo irresponsable que ayudó a encumbrar dictaduras de izquierda, iguales o peores a las de derecha.
Galeano, entre otros, nos vendió la idea que los culpables de nuestra ignorancia, atraso y corrupción eran los foráneos que llegaban con sus capitales y desangraban nuestros pueblos y sus recursos. Muchos de nuestros congéneres bebieron y se intoxicaron de ese discurso fatalista y apostaron sus vidas a la violencia.
Tarde y a los empujones hemos aprendido que el discurso clasista y las confrontaciones de izquierda contra la derecha y viceversa han pasado a mejor vida. Estamos aprendiendo a enrumbar nuestra convivencia sin anclarnos en enfrentamientos dogmáticos alejados de la tolerancia. La educación moderna favorece la investigación y la reflexión. Los estados modernos promueven el bienestar a través de la creación de riqueza bajo lineamientos claros y confiables. En resumen, el sentido práctico y el interés común han de ser las condiciones esenciales de nuestra convivencia.
Dios permita que en Colombia y en el país hermano podamos acabar la polarización que nos amenaza tan fuertemente. Es hora de apoyar el respeto y el fortalecimiento de las nuestras instituciones.
No prestemos atención a las necedades de nuestros Rosas recargados. Seamos más reflexivos y tolerantes y, seguramente, así suturaremos por siempre los absurdos desangres que la ignoracia y las dictaduras han causado en nuestro continente.
Más le hubiera valido a Chávez haberle regalado el libro a Obama en privado. Al menos eso le habría dado algo de dignidad.
Juan Pacheco Fuentes
Licenciado en Idiomas de la Universidad del Atlántico
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