Wednesday, January 02, 2008

Quizá existan pocos mensajes navideños con un sentir más profundo y querido que aquél escrito por Francis P. Church el 21 de diciembre de 1897, y publicado en la editorial del períodico "The Sun" como respuesta a la carta de Virginia, una niña de 8 años que preguntaba si en verdad existía Santa Claus. Les copio la carta a continuación. Y de todo este manuscrito, guardemos muy especialmente esta frase:

Sólo la fe, el amor, la fantasía, el romance y la poesía pueden descorrer esa
cortina y ver el cuadro de belleza sobrenatural y gloria que está más allá de
nuestros sentidos.

.
Sí Virginia, Santa Claus sí existe!

Querido Editor:

Soy una niña de ocho años de edad. Algunos de mis amiguitos dicen que Santa Claus no existe. Papá me ha dicho: "Si lo ves publicado en "The Sun", es verdadero". Por favor, dígame la verdad, ¿existe Santa Claus?

Virginia O'Hanlon
Calle 85 Oeste, N° 115


Y ésta es la respuesta del editor:


Virginia, tus amiguitos están equivocados. Ellos han sido afectados por la incredulidad de una era escéptica. No creen más que en lo que sus ojos ven. Ellos piensan que aquello que sus pequeñas mentes no pueden comprender, no existe. Todas las mentes, Virginia, sean de hombres o de niños, son pequeñas. En nuestro vasto universo el hombre es un mero insecto, una hormiga, cuyo intelecto no resiste la comparación con el mundo ilimitado que le rodea ni, mucho menos, con la inteligencia capaz de aprender la totalidad del conocimiento y la verdad.

Sí Virginia, sí existe Santa Claus.


Su existencia es tan real como el amor, la generosidad y la devoción, y tú sabes que éstas abundan y dan a tu vida su máximo gozo y belleza.

¡­Caramba! ¡Cuán lúgubre sería el mundo si no existiera Santa Claus! Sería tan sombrío como si no existieran Virginias. No existiría la fe ingenua, infantil; no habría romance ni poesía para hacernos tolerable la existencia. No tendríamos más gozo que el de los sentidos y la vista; la eterna luz con que la infancia ilumina al mundo se extinguiría.

¡­No creer en Santa Claus! Podrías tampoco creer en las hadas. Tú puedes hacer que tu padre contrate hombres para vigilar la chimenea en Navidad y capturarlo, pero aún y cuando no lo vieran bajar, ¿qué probarían? Nadie ve a Santa Claus, y esto no sigfnifica que no exista. Las cosas más reales en el mundo son aquéllas que ni los niños ni los hombres ven. ¿Has visto alguna vez a las hadas danzando en el césped? Por supuesto que no, pero eso no es prueba de que no estén allí. Nadie puede concebir o siquiera imaginar todas las maravillas no-vistas e invisibles que existen en el mundo.

Tú puedes romper la sonaja de un bebé para descubrir en su interior qué es lo que produce el sonido, pero en lo relativo al mundo no visto hay un velo que lo cubre, un velo que ni el hombre más fuerte, ni aún la fuerza unida de todos los hombres fuertes que hayan existido, puede descorrer.

Sólo la fe, el amor, la fantasía, el romance y la poesía pueden descorrer esa cortina y ver el cuadro de belleza sobrenatural y gloria que está más allá de nuestros sentidos. ¿Es todo ello real? Ah, Virginia, no hay en este mundo nada más real y permanente que esta trascendencia.

¡­Qué no existe Santa Claus! Gracias a Dios él vive, y vivirá por siempre. Mil años después de ahora, Virginia, es más, diez mil años después de nuestro tiempo, él continuará alegrando con su espíritu el corazón de los niños.

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La traducción la modifiqué ligeramente a mi gusto. Espero que tengan un diciembre en paz. Juan Pacheco






Francis Pharcellus Church, New York Sun Editor.
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