
En su primera obra, El Miedo a la Libertad (1941), el alemán Erick Fromm introdujo su tesis acerca de la enajenación y el aislamiento del ser humano a partir del desarrollo de los medios de comunicación y la consolidación de un concepto apenas imaginable en ese tiempo: la aldea global. Casi siete décadas después nos es imposible concebir al mundo y a la vida ajenos a los cada vez más ultra desarrollados sistemas electrónicos de comunicación.
La evocación de esa lectura vino a raíz de un filme que hace poco tuve la oportunidad de disfrutar en familia: La Historia del Camello que Llora, un documental que por estos días presenta la Cinemateca del Caribe.
Ignoro como sería un estilo de vida sin la TV, el teléfono, la internet y cada una de las herramientas que nos conectan en cuestión de segundos con cualquier lugar del mundo. Encontré un acercamiento a ello en las imágenes de una familia nómada conformada por cuatro generaciones que convive en su carpa unida en torno al trabajo y a la supervivencia en medio de las inclemencias del desierto de Gobi en el sur de Mongolia. Un mundo donde niños menores de doce años transitan solos grandes distancias en el desierto y los mayores transmiten oralmente la sabiduría heredada. La preocupación y la unión de un grupo familiar en torno a la búsqueda soluciones de problemas que en nuestra óptica resultarían insignificantes como el hecho de una camello que se rehúsa amantar a su cría.
En fin de cuentas una propuesta distinta y una estupenda oportunidad de apreciar en familia lo que los abuelos se gozaron. Una verdadera lección de convivencia y aprecio de las cosas pequeñas que son las que en esencia le dan sentido a nuestro trasegar en el mundo.
La cinemateca está ubicada en la sede de Combarranquilla de la carrera 43. Me permito sugerirte que veas esta película. Vale la pena.
La evocación de esa lectura vino a raíz de un filme que hace poco tuve la oportunidad de disfrutar en familia: La Historia del Camello que Llora, un documental que por estos días presenta la Cinemateca del Caribe.
Ignoro como sería un estilo de vida sin la TV, el teléfono, la internet y cada una de las herramientas que nos conectan en cuestión de segundos con cualquier lugar del mundo. Encontré un acercamiento a ello en las imágenes de una familia nómada conformada por cuatro generaciones que convive en su carpa unida en torno al trabajo y a la supervivencia en medio de las inclemencias del desierto de Gobi en el sur de Mongolia. Un mundo donde niños menores de doce años transitan solos grandes distancias en el desierto y los mayores transmiten oralmente la sabiduría heredada. La preocupación y la unión de un grupo familiar en torno a la búsqueda soluciones de problemas que en nuestra óptica resultarían insignificantes como el hecho de una camello que se rehúsa amantar a su cría.
En fin de cuentas una propuesta distinta y una estupenda oportunidad de apreciar en familia lo que los abuelos se gozaron. Una verdadera lección de convivencia y aprecio de las cosas pequeñas que son las que en esencia le dan sentido a nuestro trasegar en el mundo.

La cinemateca está ubicada en la sede de Combarranquilla de la carrera 43. Me permito sugerirte que veas esta película. Vale la pena.
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